Conoce las playas con certificación platino de La Paz
Las playas El Saltito Original y El Saltito I, con certificación Platino, están abiertas para visitantes, quienes deben seguir reglas de conservación.

La Dirección de Turismo Municipal informó que las playas El Saltito Original y El Saltito I, reconocidas con la certificación Platino por el Instituto Mexicano de Normalización y Certificación (IMEEC), están abiertas para recibir a visitantes.
Este distintivo avala su limpieza, calidad ambiental y servicios, convirtiéndolas en dos de los destinos más atractivos y mejor conservados de la región.
Con arena suave, aguas cristalinas y paisajes que invitan a la contemplación, estas playas se han convertido en un refugio ideal para quienes buscan un contacto auténtico con la naturaleza.
“En la primera playa, aunque hay una caseta de seguridad, el acceso es peatonal y se puede disfrutar libremente de la zona”, destacó Natalia Ruffo Castaño, titular de Turismo Municipal.
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Ruffo Castaño exhortó a visitantes y residentes a preservar la belleza de estas playas con certificación Platino adoptando buenas prácticas como llevarse la basura generada, respetar la flora y fauna, no encender fogatas y evitar plásticos de un solo uso.
“Al igual que en Balandra, el compromiso ciudadano es clave para mantener estas playas certificadas y seguir siendo ejemplo nacional de conservación y turismo sostenible”, subrayó la funcionaria.
Cómo llegar a El Saltito Original y El Saltito I
Llegar a estas joyas naturales es sencillo: basta con tomar la carretera Libramiento Norte de La Paz rumbo a la termoeléctrica de la CFE.
Al llegar al cruce con la carretera a Pichilingue, se debe girar a la derecha y continuar hasta el fin del pavimento; desde ahí comienza un tramo de terracería señalizado. Se recomienda un vehículo con tracción alta para acceder con mayor comodidad.
Con su combinación de paisajes prístinos y esfuerzos comunitarios por mantenerlos, El Saltito Original y El Saltito I no solo son destinos turísticos de gran belleza, sino también un ejemplo vivo de cómo la conservación y el disfrute pueden ir de la mano.



